EL LÁTIGO DE ARCUEIL
- 29 mar 2015
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Imaginen el sonido del sadismo: El sonido del roce del látigo y unos blandos glúteos, o aquel gemido que se balancea en el umbral del dolor y el deleite. Imaginen lo que algunos llamar el retumbar del placer. Eso es justo lo que el Marqués de Sade buscaba ese domingo de Pascua cuando subió a su carroza a la bella Rose Keller. El 3 de abril de 1768, en Place des Victoires (lugar asiduo de las prostitutas y de aquellos que necesitan servicios sexuales en el París del siglo XVIII) el Marqués de Sade pidió a Rose Keller entrar a su carroza por que requería sus servicios como mucama, ella necesitada de dinero aceptó. El Marqués la llevo a su casa alquilida en Arcueil. Una vez adentro, le pidió amablemente encender una gran vela blanca que yacía sobre el escritorio, sin previo aviso el Marques arranco sus prendas y la espalda quedo descubierta.
Sade, al presenciar tal blancura y suavidad, siguió sus instintos, y de manera sutil corto la espalda de la pobre mujer con sólidos látigazos. Uno a uno, los latigazos trazaron varios surcos cruentes en su dorso, hasta llegar a los gluteos, y golpearlos.
¿Han oido el caer de la cera en una herida abierta? El Marqués lo amaba, tomo la gran vela blanca y derramo la cera hirviente sobre la lastimada espalda de Keller.
Tomo el látigo otra vez, el azote le parecía una dulce sinfonía, un himno que aislaba los gritos de suplicio de la señorita Keller, el Marqués no se detenía, su voluntad se encontraba extasiada, hasta que un certero golpe lo saco del trance y tan sólo observo como la dame in distress saltaba por la ventana. Fue éfimero, necesitaba más.
Rose Keller corrió semidesnuda calle abajo, mientras el sirviente de Sade la perseguía con una bolsa de oro y suplicandole que volviera, que aun el trabajo no terminaba.
La mujer fue auxiliada por las vecinas del Marqués, y sus heridad curadas. La convencieron de denunciar al "monstruo". Ella accedió, la demanda fue levantada. Un médico la revisó y argumento "...toda la extensión de las nalgas y parte de la espalda presentan extensos cortes y excoriaciones y una larga y fuerte contusión causados posiblemente por un instrumento contundente y cortante, existiendo huellas de cera fundida en alguna de las heridas" Siete meses en prisión y 100 libras fue la multa. París conoció a Sade, sus manías, y aficiones. Ese domingo de Pascua, París conoció al látigo de Arcueil.


























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